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Teología de Iglesia en Casa

Primera parte

El hecho de que la iglesia original sostuvo sus reuniones primeramente en casas privadas es de conocimiento común y no tiene discusión (He. 16:40, 20:20, Rom. 16:3-5a, 1 Cor. 16:19, Col 4:15, Fil. 1-2b, Stg. 2:3). Menos conocido es el hecho de que la iglesia primitiva continuó con esta práctica por cientos de años, mucho después de que se completaran los escritos del Nuevo Testamento. G. F. Snyder observó que, “la Iglesia del Nuevo Testamento iniciaba como un grupo pequeño de iglesia en casa (Col. 4:15), y así permaneció hasta mediados o finales del tercer siglo. No existen evidencias de lugares más grandes de reunión antes del año 300.”[1]Por más tiempo de lo que los Estados Unidos han existido como nación, casi toda la práctica universal de la iglesia era reunirse en casas. Otra vez citando a Snyder, “no hay ninguna evidencia literaria ni indicación arqueológica de que alguna de esas casas hubiera sido convertida en una edificación de iglesia existente. Ni hay alguna iglesia existente que ciertamente haya sido construida antes de Constantino.”[2] ¿Por qué las iglesias en casa fueron la norma por tanto tiempo?

¿Persecución?

La explicación más común para la existencia de las iglesias en casa primitivas es la presión de la persecución, similar a la situación que existe hoy en día en China. Sin embargo, ¿podían también haber habido otras razones igualmente imperiosas para haber dejado las comuniones orientadas a una sala? Suponga que no hubiera habido la persecución del primer siglo. ¿Podemos asumir que automáticamente se hubieran construido edificaciones eclesiales, y que las congregaciones individuales habrían crecido a tamaños enormes, limitadas únicamente a la mayor edificación localmente disponible?

Frecuentemente se pasa por alto que los seguidores de Jesús algunas veces se reunieron en casas mientras simultáneamente “gozaban del favor de todas las personas” (He 2:47). La persecución no siempre fue un factor. Basados en 1 Corintios 14:23 (“si toda la iglesia se reúne y… algunos no creyentes entran”), es posible que también los no creyentes asistieran a las reuniones de iglesia, así que dónde se reunían no siempre era un secreto para los externos. Simplemente no es verdad que los primeros creyentes siempre fueran perseguidos todo el tiempo y en todo lugar. La persecución anterior al cerca del 250 A.C. era esporádica, localizada y frecuentemente el resultado de la hostilidad de una multitud (en vez de un decreto imperial de un regente romano). Sorprendentemente, los oficiales romanos son frecuentemente presentados en una luz relativamente favorable por los escritores del Nuevo Testamento, ya que intervenían en proteger a cristianos del acoso local ilegal del judaísmo no creyente (He. 16:35, 17:6-9, 18:12-16, 19:37-38, 23:29, 25:18-20, 25:24-27, 26:31-32). Anterior al 250 el cristianismo era ilegal, pero generalmente tolerado. El hecho simple es que la persecución generalizada no ocurrió sino hasta el emperador Decio in 250 A.C., seguido por Gallus (251-253), después Valeriano (257-259) y finalmente Diocleciano (303-311).[3]Alguien, en algún lugar, puedo haber construido una edificación eclesial especial en los 200 años anteriores a Decio, pero significativamente ninguno lo hizo jamás. (Incluso en China hoy en día, algunos creyentes se las arreglaron para construir edificaciones eclesiales). Esto sugiere que podía haber habido también un propósito teológico detrás de las reuniones en casas.

Cuando la persecución surgió, las reuniones en casas no detuvieron a Saulo de saber exactamente a dónde ir para arrestar a los cristianos (He. 8:3). La iglesia en Roma después respondió a la persecución gubernamental, reuniéndose subterráneamente, en catacumbas más protectoras. Incluso la presencia de persecución, sin embargo, no necesariamente descartaría una preferencia más profunda y llena de propósito por congregaciones más pequeñas, del tamaño de una casa. El hecho permanece, de que todo en el Nuevo Testamento fue escrito para una iglesia del tamaño de una sala, y argumentativamente el ideal del Nuevo Testamento para la vida eclesial se realiza mejor en un ambiente familiar, más pequeño.

¿Pobreza?

¿Podía haber sido la pobreza un factor decisivo para la ausencia total de edificaciones eclesiales durante los tiempos del Nuevo Testamento y los siglos después? Muchos de los primeros convertidos al cristianismo eran del judaísmo. La construcción de sinagogas era común a lo largo del mundo mediterráneo. Presumiblemente estas mismas personas también tendrían los medios para construir edificaciones eclesiales. La vida en comunidad de Hechos 4:32-36 revela que muchos de los primeros convertidos eran dueños de tierras y casas. La masa de convertidos en los años posteriores eran de trasfondo gentil, cuyos compañeros paganos de alguna manera se las arreglaron para erigir templos gigantes a sus dioses. ¿No habrían sido capaces también los cristianos gentiles de construir lugares para que la iglesia se reuniera?

De que algunos ricos estaban entre los elegidos de Dios es claro por la advertencia que recibe Timoteo de que “a los ricos de este mundo, les mande que no sean arrogantes ni pongan su esperanza en las riquezas, que son tan inseguras, sino en Dios, que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos. Mándales que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, y generosos, dispuestos a compartir lo que tienen.” (1 Tim 6:17-18, NVI). Así mismo, Santiago advirtió contra el mostrar favoritismo hacia aquellos que iban a la iglesia llevando un anillo de oro y ropa elegante (Stg. 2:1-4), indicando que tales personas de hecho estaban involucradas en la iglesia.

Más evidencia de la presencia de creyentes adinerados puede verse en el llamado de atención de Pablo a los ricos en Corinto por despreciar a los pobres al rehusarse comer la Cena de Señor junto con ellos: “¿O es que menosprecian a la iglesia de Dios y quieren avergonzar a los que no tienen nada? ¿Qué les diré? ¿Voy a elogiarlos por esto? ¡Claro que no!” (1 Co 11:22, NVI). La sola pobreza claramente no fue un factor decisivo en la ausencia de edificaciones eclesiales durante aquellos primeros siglos.

¿Progresión?

Algunos piensan que Dios pretendía que la práctica de reunirse en casas fuera una fase legítima del desarrollo temprano de la iglesia, un paso inicial pero transitorio hacia la posterior madurez. Por ello las iglesias en casas eran características de la iglesia en su infancia, pero no en su madurez. Fue correcto y natural, argumentan ellos, para la iglesia crecer más allá de esas prácticas iniciales y desarrollar formas que son muy diferentes entonces, pero en el espíritu de las prácticas de los apóstoles como está descrito en la Escrituras. Por lo cual la creación de catedrales, grandes servicios de adoración, el establecimiento de un obispo que preside sobre una ciudad de iglesias, el desarrollo del moderno sistema presbiteral jerárquico, incluso la fusión eventual de iglesia y estado después de Constantino, son vistos como desarrollos buenos y positivos.

Sin embargo, los apóstoles parecen haber tenido la intención de que las iglesias se adhirieran a los patrones específicos que ellos habían establecido originalmente. Por ejemplo, se alaba a la los Corintios por atenerse a la tradición de los apóstoles en cuanto a la práctica de la iglesia (1 Co 11:2). Amplias apelaciones de atenerse a varias prácticas eclesiales fueron hechas basados en las prácticas universales de todas las demás iglesias (1 Co 11:16, 1 Co 14:33b-34). A los Tesalonicenses se les dio el mandato directo de atenerse a las tradiciones de los apóstoles (2 Tes. 2:15). Los apóstoles habían sido escogidos y entrenados personalmente por nuestro Señor. Si alguien alguna vez entendió el propósito de la iglesia, fueron estos hombres. Las prácticas que ellos establecieron par las actividades corporativas de la iglesia ciertamente serían manteniéndose a su entendimiento sobre el propósito de la iglesia. Por respeto al Espíritu por el cual fueron dirigidos, deberíamos ser dirigidos a preferir sus modos de organización frente a cualquier otra alternativa que pueda sugerir nuestro propio pensamiento creativo.

También diciente es la ausencia total de cualquier instrucción en el Nuevo Testamento con respecto a la construcción de edificaciones especiales para la adoración. Esto está en contraste a la legislación mosaica del Antiguo Pacto, que contenía instrucciones de diseño y construcción muy específicas con respecto al tabernáculo. Cuando los escritores del Nuevo Pacto tocaban este tema, ellos resaltaban que los creyentes en sí mismos son el templo del Espíritu Santo, piedras vivientes que se unen para construir una casa espiritual con Jesucristo como la piedra angular de la misma (1 Ped. 2:4-5, Ef. 2:19-22, 1 Co. 3:16, 6:19). Siendo así, en el mejor de los casos, las construcciones eclesiales vienen siendo un asunto indiferente para nuestro Señor. Y en el peor de los casos pueden ser un retroceso carnal hacia la sombra de la ley mosaica. El asunto real no es dónde se reúne una iglesia, sino dónde y cómo puede hacer de mejor manera lo que Dios requiere de ella. Una gran razón de la construcción de edificaciones eclesiales es para poder tener más personas que las que cabrían en una sala típica. ¡Sin embargo, uno se sorprende en cuanto a la sabiduría detrás de construir una gran edificación eclesial, siendo que teniendo demasiados asistentes la edificación primeramente sirve para destruir el propósito mismo para tener una reunión de iglesia! Las grandes multitudes son excelentes para servicios de adoración, reuniones evangelísticas o para escuchar una predicación, pero la iglesia es sobre algo completamente diferente a estas actividades (véase abajo).

¿Un Patrón con Propósito?

¿Puede ser que los apóstoles hayan puesto un patrón con propósito para las iglesias en casa? ¿Qué efectos prácticos tendría el reunirse en una casa sobre la vida eclesial de uno? Es un axioma definido el que la forma sigue a la función. Las creencias de los apóstoles concernientes a la función de la iglesia fueron expresadas naturalmente en la forma que tomó la iglesia en el primer siglo. Algunas de las prácticas distintivas de la iglesia primitiva (en casa) son dignas de ser consideradas.

1. El significado global de la iglesia en casa se encuentra en su teología de comunidad. La iglesia fue descrita por los escritores apostólicos en términos que describen a una familia. Los creyentes son hijos de Dios (1 Jn 3:1) que han nacido dentro de Su familia (Jn 1:12-13). El pueblo de Dios por lo tanto es visto como parte de la casa (familia) de Dios (Ef 2:19, Gál 6:10). Son llamados hermanos y hermanas (Flm 2, Ro 16:2). Consecuentemente, los cristianos deben relacionarse unos a otros como miembros de una familia (1 Tim 5:1-2; Ro 16:13). (De hecho, hoy en día en China, la iglesia en casa es llamada la iglesia de familia.) Partiendo de este punto teológico, de que los hijos de Dios son familia, surgen muchos asuntos de la práctica eclesial. La pregunta viene siendo, ¿qué contexto facilita mejor nuestro funcionamiento como familia de Dios?

2. Muchos eruditos están persuadidos de que la Cena del Señor era celebrada originalmente cada semana como una comida completa, de compañerismo (La Fiesta Ágape). Cada iglesia local debe ser como una familia (1 Tim 5:1-2), y una de las cosas más comunes que hacen las familias, es comer juntos. Las reuniones de la iglesia primitiva, centradas alrededor de la Mesa del Señor, eran tiempos tremendos de compañerismo, comunidad y ánimo (Luc 22:16-19, 29-30, He 2:42, 20:7, 1 Co 11:17-34). En vez de una atmósfera similar a un funeral, la Cena del Señor era en anticipación del Banquete de las Bodas del Cordero (Apo 19:6-9). Mientras más grande esa una congregación individual, menos se convierte en parecida a una familia, y más impersonal y poco práctica se vuelve la Cena del Señor como comida real. Así en los últimos siglos, mientras la iglesia abandono las reuniones en casa, a la Cena del Señor le fue eventualmente quitado todo excepto la ingestión simbólica de una pequeña pieza de pan y un sorbo de vino.

3. Las reuniones de la iglesia primitiva fueron claramente participativas (1 Co 14, Heb 10:24-25, Ef 19-20, Col 3:16). Cualquier hermano podía contribuir verbalmente. El prerrequisito para cualquier cosa dicha era que fuera edificante, diseñado para fortalecer a la iglesia. Ya que el hablar en público es un gran temor para muchas personas, las reuniones participativas encajan mejor dentro de las reuniones en el espacio de una sala, compuesta de personas que se conocen unos a otros y son verdaderos amigos. Las reuniones participativas no son prácticas con números grandes. Una vez que el espacio de una sala fue reemplazado por el santuario, las reuniones interactivas fueron reemplazadas por los servicios de adoración.

4. Las Escrituras están llenas de los mandatos “unos a otros”. La iglesia tiene que ver con rendimiento de cuentas, comunidad y mantener la disciplina de la iglesia (Mat 18:15-20). Estos ideales se alcanzan mucho mejor en congregaciones pequeñas en dónde las personas se conocen y se aman las unas a las otras. La iglesia tiene que ver con relaciones. Un gran auditorio de personas, de las cuales la mayoría son perfectos extraños entre unos y otros, no alcanzará fácilmente estas metas. El cristianismo nominal tiene aquí su refugio ya que se vuelve fácil perderse entre la multitud. Las iglesias que se reúnen en casas guardan mejor la simplicidad, vitalidad, intimidad y pureza que Dios desea para su iglesia.

5. La iglesia del Nuevo Testamento tenía líderes claramente identificados (ancianos, pastores, supervisores), sin embargo estos líderes dirigían más por su ejemplo y persuasión que por mandatos. El consenso de toda la congregación dirigido por los ancianos era primordial en la toma de decisiones (Mat 18:15-20, Luc 22:24-27, Jn 17:11, 20-23, 1 Co 1:10, 10:17, Ef 2:19-20, 4:13-17, Fil 2:1-2, 1 Pe 5:1-3). Lograr consenso es posible en una iglesia en la que todos se conocen, se aman unos a otros, se toleran unos a otros, son pacientes unos con otros, y están comprometidos unos con otros. Sin embargo, mientras más grande la comunidad, mucho más imposible se vuelve mantener las relaciones y líneas de comunicación. En una congregación grande, el pastor necesariamente funciona más como el gerente de una empresa.

6. La iglesia del primer siglo llevo a su mundo a un caos (He 17:6), y lo hicieron así usando la iglesia en casa del Nuevo Testamento. Las iglesias en casa son de bajo costo, generalmente dirigidas por laicos, pueden reproducirse rápidamente, y tiene un gran potencial para crecer a través del evangelismo. ¡Tenemos que pensar pequeño en una gran manera! Dios no iguala la grandeza con la habilidad. Pablo nos recuerda que “Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos. También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es, a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse” (1 Co 1:27-29, NVI).

7. El Nuevo Testamento urge al apoyo generoso de misioneros, evangelistas, ancianos calificados y los pobres (1 Co 9, 1 Tim 5:17-18, 3 Jn 5-8). ¿Qué grupo de creyentes estaría mejor capacitado para apoyar plantadores de iglesias y asistir a los pobres; mil creyentes organizados en una sola iglesia tradicional que se reúne en su propio santuario eclesial, completo con un complejo de escuela dominical y un centro de vida familiar (gimnasio), o mil creyentes trabajando juntos en red en iglesias en casa cooperativas? Las encuentas de congregaciones Protestantes en Estados Unidos revelan que en promedio el 80% de los ingresos eclesiales se van en el sostenimiento de las edificaciones, el staff y los programas internos; 20% va para cruzadas. En las redes de iglesias en casa, esos porcentajes son fácilmente reversibles. Ser liberados de la carga de construir edificaciones eclesiales y sus gastos resultantes permitiría también que mayores sumas de dinero fueran para el apoyo de los trabajadores eclesiales y los necesitados.

8. Ya que casi exclusivamente se reunían en casas privadas, la típica congregación de la era apostólica era relativamente pequeña.[4]Nunca se da un número específico en las Escrituras, pero generalmente no eran mas personas que las que pudieran caber en la casa una persona adinerada. El patrón general es hacia congregaciones más pequeñas, en vez de más grandes. Con respecto al tamaño de las casas del primer siglo, el profesor Robert Banks del seminario Fuller, escribió que “el salón de reunión en una casa moderada podía alojar alrededor de 30 personas cómodamente — probablemente otra mitad más en caso de emergencia . . . es muy poco probable que una reunión de “toda la iglesia” hubiera excedido las 40 a 45 personas, y bien puede haber sido más pequeña . . . En todo caso no debemos pensar en ellas como particularmente grandes . . . Incluso las reuniones de “toda la iglesia” eran lo suficientemente pequeñas para que se formara una relación relativamente íntima entre los miembros.”[5]

Conclusión

Nosotros no argumentamos por las reuniones en casas simplemente por reunirse en casas. Estamos sugiriendo que la iglesia apostólica no erigió edificaciones eclesiales en gran parte porque sencillamente no las necesitaban. Dios pretendió que la iglesia típica fuera del tamaño de una sala. Las cartas que fueron escritas a las diferentes iglesias del Nuevo Testamento fueron de hecho escritas en su mayoría a iglesias en casas. Como fueron escritas a iglesias en casas las instrucciones contenidas en ellas estaban orientadas para funcionar en una congregación más pequeña — nunca se esperaba que funcionaran en el contexto de un grupo grande. Consecuentemente, no funcionan bien en tal contexto. Intentar aplicar las prácticas de la iglesia neotestamentaria a una iglesia grande contemporánea es tan innatural como verter vino nuevo en odres viejos (Mat 9:17).

Consideraciones Prácticas

¿Cómo puede una iglesia evitar el desgastar a la familia anfitriona y su hogar? Los escritos neotestamentarios indican que la misma pareja acogía a la iglesia cada semana. Esto probablemente se debía al hecho de que las casas más grandes que necesitaban acoger decenas de personas estaban cortos en suministros. Algunas personas realmente tienen el don de la hospitalidad y no tendrán problema en acoger a la iglesia casa semana, pero admitámoslo, esto puede ser relativamente agotador. Esto es especialmente un problema si uno de los esposos no está de acuerdo con el otro. Típicamente, el esposo que no está de acuerdo (usualmente el hombre) no tendrá idea de las miserias que el otro (usualmente la esposa) está sufriendo al acoger semanalmente a la iglesia. Los miembros de la iglesia podrían venir a ayudar a limpiar tanto antes como después de la reunión. Otra alternativa es que el lugar de reunión sea rotado semanalmente, con todos los que tienen lugares que sirvan compartiendo la carga. ¡Es bueno para los demás aprender hospitalidad! Además, cada casa puede tener sus propias reglas, tales como: por favor quitarse los zapatos cuando entren en la casa, los niños no deben saltar sobre los muebles, no se come en la sala, etc.

¿Qué si las casas son pequeñas y demasiado chicas para una reunión? Esto puede ser un problema real. Una alternativa es ampliar la casa para hacer el salón de reuniones más grande, o quitar un muro, o quitar la mayoría de los muebles del lugar de reunión, o reunirse en el garaje. Si todo esto falla, alquilar un salón comunal o algún otro arreglo similar podría funcionar, siempre y cuando el objetivo no sea llenarlo de más personas que las que cabrían en una sala normal, y se siga manteniendo el ambiente familiar. La típica iglesia en casa del primer siglo estaba compuesta por decenas de personas, no cientos de ellas.

¿Cómo podemos ayudarle a los vecinos para que no se quejen de los carros? Rote la reunión de iglesia cada semana entre diferentes casas, parquee solamente a un lado de la calle, asegúrese de llenar el acceso para sacar la mayor cantidad de carros de la calle, parquee en un colegio cercano o un centro comercial, etc. Recuerde también que la idea es iniciar una nueva iglesia tan pronto la iglesia existente empiece a ser muy grande. No deberían haber tantos carros buscando parquear.

¿Qué tipo de daños a la propiedad puede causar el alojar a la iglesia? Bebidas derramadas, comida derramada sobre la tapicería, marcas de crayón sobre el piso y el mantel, pisadas de barro, etc. Durante una reunión de iglesia en casa una adolescente corrió a través de una puerta corrediza de vidrio. Este mental y (médicamente) preparado para atender accidentes.

¿Cómo manejaría usted una situación en donde los niños de los visitantes o los niños de una pareja recién llegada, no se portan bien? Los estándares de comportamiento social aceptable de algunas parejas son totalmente diferentes de los estándares de los demás. Le puede chocar y sorprender lo indiferentes que algunos padres son ante las acciones destructivas de sus hijos. En tales casos usted debe de manera calmada, cortés y directa pedirles que controlen a sus hijos. (¡Y espere que ellos estén ofendidos sin importar cuanto tacto tuvo al decirles!). Sin duda, ellos no tendrán una buena idea sobre cómo controlar a sus hijos, así que esté preparado para ayudarles con el entrenamiento de los niños. Tenga un buen suministro de libros de entrenamiento de niños a la mano, que usted pueda prestar o regalar.

Las reuniones en casa no son más fáciles, pero son la manera del Nuevo Testamento.

— Steve Atkerson

Preguntas de discusión

1. ¿Por qué las iglesias en casa fueron la norma en el Nuevo Testamento y por tanto tiempo después?

2. ¿Qué evidencia hay de que la persecución y la pobreza no fueron razones únicas para que la iglesia primitiva se reuniera en casas?

3. Algunos argumentan que las iglesias en casa eran características de la iglesia en su infancia, pero no en su madurez. Fue correcto y natural, argumentan ellos, para cada iglesia crecer más allá de la casa. ¿Qué piensa usted al respecto?

4. ¿Por qué puede ser que los apóstoles hayan establecido un patrón con propósito de las iglesias en casa?

5. ¿Qué ventajas prácticas podría tener el reunirse en una casa sobre la vida eclesial de uno?

6. ¿Qué de una situación en dónde hay crecimiento y la congregación está volviéndose demasiado grande para la casa?

7. ¿Debemos creer que reunirse en las casas era un aspecto puramente incidental del plan para la vida eclesial, o tiene tanto propósito como los otros aspectos, tales como reuniones participativas, tener la Cena del Señor como comida completa y el consenso congregacional? ¿Por qué?

8. ¿Cómo impactaría el número de personas involucradas la habilidad de una iglesia de tener una reunión participativa o alcanzar un consenso congregacional?

9. ¿Qué ventajas de crecimiento y reproducción puede tener una iglesia en casa de una comunidad que se ha comprometido en plantar iglesias en casas?

10. ¿Cómo eran capaces las iglesias neotestamentarias de crecer numéricamente y sin embargo reunirse en casas privadas?

11. ¿Qué inconvenientes pueden suceder si una casa se abre para las reuniones de iglesia?

12. ¿Qué debe hacerse en una situación en la cual una casa es simplemente demasiado pequeña para alojar una reunión de iglesia?

13. ¿Qué impacto sicológico puede tener la locación de una reunión de iglesia sobre la reunión actual y las personas en sí mismas?

Nota: La NTRF también ofrece recursos para maestros, para ayudar a dirigir una discusión sobre la vida de la iglesia neo-testamentaria. PidaThe Practice of The Early Church: A Theological Workbook (Leader’s Guide) en www.NTRF.org.

[1] Graydon F. Snyder, Church Life Before Constantine (Macon, GA: Mercer University Press: 1991), 166.

[2] Ibid., 67.

[3] Willinston Walker, A History of The Christian Church (New York, NY: Charles Scribner’s Sons, 1970), 43.

[4] Mientras que no podemos decir con seguridad que cada iglesia se reunía en una casa, si es un hecho que cuando en la Escritura se especifica un lugar de reunión, es en una casa. Puede que algunas congregaciones fueran grandes (Jerusalén y Efeso de pronto) y que por ello se reunieran en grandes edificaciones, pero este es un argumento desde el silencio.

[5] Robert Banks, Paul’s Idea of Community: The Early House Churches in Their Historical Setting (Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1988), 41-42.