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La Verdad Practicada – Disciplina Eclesial

La Motivación de la Disciplina

Una de las muchas características y acciones de nuestro Salvador es Su deseo de ver a todos sus hijos andar en la verdad. Su amor por nosotros se demuestra de muchas maneras. Él mismo se dio, Él nos salvó, Él nos cambia, Él nos empodera, Él vive en nosotros, Él nos guía, nos dirige, nos enseña y sí, él nos disciplina. Todo es motivado por Su amor por Sus hijos. Considere la declaración de Apocalipsis 3:19, “a todos a los que amo, reprendo y disciplino. Por lo tanto, sé fervoroso y arrepiéntete.”

Esta disciplina motivada por amor es el deseo del Padre para que Sus hijos conozcan la verdad y caminen en ella. Este amor es un reconocimiento de que el Padre sabe lo que es mejor y que Él quiere lo mejor para Sus hijos. Es el reconocimiento de que vemos a través de un cristal oscuro y de que tomamos decisiones pecaminosas y egoístas que a veces traen consecuencias horribles a nuestras vidas. Ya que el Padre envió al Hijo para darnos vida, y esa vida en mayor abundancia, necesitamos corrección y dirección y disciplina, la cual Él ofrece amorosamente

El amor del Padre, expresado en disciplina es explicado en Hebreos 12:4-11: “Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor, ni te desanimes cuando te reprenda, porque el Señor disciplina a los que ama, y azota a todo el que recibe como hijo.’ Lo que soportan es para su disciplina, pues Dios los está tratando como a hijos. ¿Qué hijo hay a quién el padre no disciplina? Si a ustedes se les deja sin la disciplina que todos reciben, entonces son bastardos y no hijos legítimos. Después de todo, aunque nuestros padres humanos nos disciplinaban, los respetábamos. ¿No hemos de someternos, con mayor razón, al Padre de los espíritus, para que vivamos? En efecto, nuestros padres nos disciplinaban por un breve tiempo, como mejor les parecía; pero Dios lo hace para nuestro bien, a fin de que participemos de su santidad. Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella.”

El Diccionario Evangélico de Teología Bíblica afirma que “la noción de la disciplina de Dios, y eventualmente, el concepto de la comunidad y sus líderes efectuando la disciplina de Dios, deriva de la noción de la disciplina doméstica (Deut 21:18-21; Prov. 22:15; 23:13). Dios es retratado como un padre que guía a su hijo … El concepto de disciplina como castigo familiar permanece en el Nuevo Testamento (Ef 6:4;…. 2 Tim 2:25, Heb 12:5-11).”[1]

Disciplina Personal y Privada

¿Cómo nos disciplina el Padre? Sus disciplinas toman una variedad de formas y métodos, pero usualmente incluyen una combinación de ambos, la Palabra y Su Espíritu. De una manera muy personal y privada, a través de la Palabra y la convicción del Espíritu de Dios, Él amorosamente señala nuestros pecados y nos lleva a la verdad. A medida que celosamente nos arrepentimos, Él se deleita en cambiar nuestras mentes y nuestros corazones y nos empodera para superar aquellas áreas que nos han derrotado en el pasado. ¿Cómo nos disciplina la Palabra? 2 Timoteo 3:16 declara que, “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” Al leer y estudiar Su Palabra, y al concientizarnos de Sus mandamientos, se nos da la oportunidad de arrepentirnos y de hacer las cosas a Su manera. Proverbios 6:23 dice: “Por que estos mandamientos son una lámpara, esta enseñanza es una luz y las correcciones de la disciplina son el camino a la vida.” La mayoría de disciplina divina sucede durante los devocionales, mientras estamos en la Palabra y en oración. ¡En privado y personalmente, el Padre nos muestra Su camino y nos da el poder para cumplirlo!

La Palabra trabaja en conjunto con el Espíritu Santo para convencernos de la rectitud de los caminos del Señor. Por ejemplo, Jesús prometió en Hechos 1:8 que “recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.” Cuando somos salvos, el Espíritu Santo viene a vivir en nosotros: “¿No saben que su cuerpo es un templo del Espíritu Santo, que está en ustedes, que ustedes han recibido de Dios?” (1 Cor 6:19). Tenemos la responsabilidad de proteger lo que el Señor nos ha dado a través del Espíritu. 2 Timoteo 1:14 ordena: “Guarda el buen depósito que te fue confiado – guárdalo con la ayuda del Espíritu Santo que vive en nosotros.” Una de las herramientas que tenemos para ayudarnos a proteger lo que el Señor nos ha dado es el espíritu de disciplina. Por ejemplo, Pablo recordó que “Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino un espíritu de poder, de amor y de dominio propio” (2 Tim 1:7).

Toda disciplina es dura y difícil: “Ninguna disciplina parece agradable en el momento en que se recibe, sino que es dolorosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella.” (Heb 12:11). En contraste, de acuerdo con Proverbios 12:1, “quien ama la disciplina ama el conocimiento, pero el que aborrece la corrección es un estúpido.” Nuestra elección es clara; podemos aceptar la disciplina del Señor y disfrutar de los frutos apacibles de la justicia o podemos comportarnos tontamente y rechazar Su disciplina.

Disciplina Pública de Iglesia

¿Qué pasa cuando un hermano o hermana rechaza la convicción del Espíritu y la clara enseñanza de la Palabra? ¿Cuando un creyente abiertamente abraza y práctica una conducta claramente prohibida por la Palabra? 1 Corintios 12 enseña en detalle de que somos miembros de un solo cuerpo. No sólo aprendemos cómo funciona el cuerpo y todos los dones en el mismo, también aprendemos que cuando un miembro del cuerpo está enfermo de pecado, esto afecta a todo el cuerpo. El versículo 26 dice: “Si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él; si un miembro recibe honra, todos se regocijan con él.” Cuando nuestro hermano peca y no se arrepiente, esto afecta a todo el cuerpo y todo el cuerpo sufre por ello. Recuerde: “Ahora ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes es una parte de él” (12:27). En consecuencia, tenemos una responsabilidad familiar de ayudar a nuestro hermano pecador. Motivados por el amor hacia el hermano, se nos ordena al hermano y al problema del pecado a fin de restablecer al hermano y cuidar a la familia que se reúne localmente.

Aunque hay muchas escrituras que tratan con este asunto, las dos principales se encuentran en Mateo 18 y Gálatas 6. Estos pasajes se incluyen para facilitar la consulta, ya nos referiremos a menudo a ellos:

“Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo, solo entre ustedes dos. Si él te escucha, habrás ganado a tu hermano. Pero si no te escucha, toma a una o dos personas más contigo, para que ‘cada asunto pueda ser establecido por el testimonio de dos o tres testigos.’ Si él se niega a escucharlos, díselo a la iglesia, y si se niega incluso a escuchar a la iglesia, trátenlo como si fuera un pagano o un recaudador de impuestos. De cierto les digo, todo lo que aten en la tierra será atado en los cielos, y lo que desaten en la tierra será desatado en los cielos. Otra vez les digo, que si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan, les será hecha para ustedes por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo con ellos” – Mateo 18:15-20

“Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, ustedes que son espirituales deben restaurarlo amablemente. Pero cuídense a sí mismos, o también ustedes pueden ser tentados. Lleven los unos las cargas de los otros, y de esta manera cumplirán la ley de Cristo”. – Gálatas 6:1-2

El Primer Paso

El proceso de descubrimiento siempre se le deja al Señor. Nunca debe haber un comité permanente de investigación o un grupo de supervisión que se encarga de desentrañar el pecado en la vida de unos y otros. En la medida en que caminamos a nuestra vida en Cristo, a medida que crecemos en la intimidad y la comunión, naturalmente nos haremos más conscientes de lo que está pasando en la vida de los otros. Mientras caminamos nuestra vida en Cristo y descubrimos a alguien en transgresión o si vemos a un hermano pecar, somos entonces llamados a actuar a favor del hermano. Es importante tener en cuenta que todos nosotros, no sólo los ancianos y los líderes, estamos llamados a este ministerio del cuerpo. Si usted es el que ve a su hermano pecando, usted es el responsable de ir al hermano y confrontarle. No vaya a los ancianos, vaya al hermano ofensor. El único requisito exigido a la persona que confronta es que sea un hermano y que sea espiritual, habitado por el Espíritu del Dios Viviente.

Si el Señor te ha elegido para ser utilizado de esta manera, el primer paso es orar y revisar tu motivación. ¿Estamos motivados por el amor hacia nuestro hermano? ¿Estamos operando en un espíritu de mansedumbre? ¿Estamos tratando de restaurar al hermano? ¿Estamos siendo cuidados en caso de que estemos siendo tentados de manera similar? Obviamente, hay mucho por lo cual orar y que considerar antes de dar el primer paso de hablar en privado con el hermano pecador.

Habiéndose preparado usted mismo a través de la oración y un auto-examen, el siguiente paso es ir en privado al hermano en pecado, “mostrándole su culpa en privado” (las cursivas son mías). Estoy convencido de que este es el método escogido por el Señor. Surge del hecho de que la mayoría de la disciplina es personal y privada, y provee un puente entre la disciplina personal y pública. Jesús fue específico en usar las palabras “en privado”. Qué maravilloso que al Señor incluso le importa si somos avergonzados, y deliberada y específicamente trató de protegernos de la vergüenza adicional de un aviso público. Qué oportunidad para el arrepentimiento rápido y privado. Cuando tiene éxito, este primer paso de disciplina pública lleva al pecador al arrepentimiento, edifica el cuerpo y por lo general fortalece la relación entre el que confronta y el hermano que es confrontado.

Debe darse tiempo para que el Espíritu Santo condene y convenza. La reacción inicial de la mayoría de personas no es su reacción final. Déle al hermano algo de espacio para considerar en oración lo que usted ha traído a su atención. No ponga una fecha definitiva en la obra del Espíritu Santo, pero continúe poniéndose a sí mismo a disposición a él para oración y consejería. No esperare que la primera respuesta inicial sea un arrepentimiento inmediato. Es un privilegio observar al Espíritu Santo obrando en la vida de un hermano. Una buena regla general es darle al hermano tanto tiempo como le gustaría a usted que alguien le diera.

Si el hermano te escucha, has ganado al hermano. El asunto ha finalizado y ya no es necesaria una mayor confrontación. Debe prestarse especial atención a los frutos del arrepentimiento para asegurarse de que el hermano es sincero y de que está dando pasos bíblicos para soltarse a sí mismo de la ocasión que le causa tentación. La oración continuada y la consejería pueden ser necesarias para ayudar al hermano. Ambos deben ser ofrecidos hasta que ambos, el hermano que confronta y el hermano pecador, estén convencidos de que se ha conseguido la victoria.

El Segundo Paso

¿Qué hacemos si el hermano se niega a escuchar y se niega a arrepentirse? Jesús dijo: “si no te escucha, toma una o dos personas más contigo, de modo que ‘cada asunto sea establecido por el testimonio de dos o tres testigos.’” Se ha escrito mucho sobre el segundo paso en la disciplina pública eclesial. Algunos sugieren que los dos o más testigos hayan sido testigos de la transgresión original. Otros creen que los dos o más testigos están allí para ser testigos de los hermanos mientras confrontan el problema del pecado y para determinar la actitud y las respuestas de los dos hombres involucrados en la confrontación. Este paso definitivamente saca el proceso de la esfera privada a la pública. Se trata de una escalada dramática del proceso y está diseñado para traer presión pública para que el hermano deje de pecar y se arrepienta.

Con dos o tres testigos debemos ir al hermano pecador. ¿Quienes deberían ser estos testigos? Yo no creo que tengan que haber sido testigos del acto de pecado, sino que están ahí para ser testigos de la confrontación. Los testigos también deberían ser hombres espirituales que están bien fundamentados en la palabra y que no serán tentados en el área de pecado. También deben tener una relación con ambas partes. Ellos están ahí para observar el proceso y para brindar asesoría para ambos, tanto a la persona que confronta como a la persona que esta siendo confrontada. Debido a que estas confrontaciones a veces se tornan emocionales y fieras, los testigos también pueden actuar como supervisores para asegurarse de que hay un espíritu de mansedumbre. Durante el tiempo en que la persona está confrontando al hermano en pecado, los dos o tres testigos deben ayudar a mantener el objetivo de la restauración en la mente y a mantener la conversación en la dirección correcta. La persona que está siendo confrontada a veces intenta cambiar el enfoque al ofuscarse, atacando a la persona o personas que le confrontan, ofreciendo excusas por el comportamiento continuado o mostrando una negación absoluta de los cargos. Los testigos deben ayudar a ambas partes a mantener la calma, a mantener la conversación centrada en la restauración, a asegurarse de que la motivación de amor hacia el hermano es comunicada con claridad así como el motivo de la confrontación, y el mover la conversación hacia una decisión.

El Tercer Paso

Si, después de haber sido confrontado en privado y con dos/tres testigos, no hay fruto de arrepentimiento, el confrontador original y los testigos deben decirle a la iglesia. No es a la iglesia universal, sino a la iglesia local, el grupo local que se reúne en comunión. El relato debe incluir la naturaleza del pecado, los pasos que ya han sido tomados y los resultados de las conversaciones previas. La primera narración podría ser en una reunión de hombres de manera que cada hombre pueda discernir lo que está pasando y decidir que, si es el caso, decirle a su mujer y sus hijos. Puesto que la narración incluye una descripción del pecado involucrado, se debe dar consideración a los creyentes inmaduros y los niños. Recuerde que la Escritura, en Gálatas, enseña que quienes confrontan sean espirituales (maduros) y tengan un espíritu de mansedumbre. El objetivo de la restauración se debe mantener aún más arduamente en las exposiciones públicas, ya que la posibilidad de pensar y actuar mal aumenta con el número de hermanos y hermanas involucrados. Se debe tener mucho cuidado para evitar comentarios y chisme, y exageraciones y actitudes equivocadas. La meta es la restauración, no la crucifixión del hermano. Todos los miembros del cuerpo local están involucrados ahora en confrontar y ayudar al hermano.

Sólo hay dos grupos de personas en el mundo: aquellos que son salvos y están en la iglesia, y los que están afuera de la iglesia. Jesús estaba hablando a sus discípulos al momento de Mateo 18 y la iglesia todavía no existía. Cuando Jesús dijo que el hermano no arrepentido debía ser tratado como un gentil, Él le estaba diciendo a su audiencia judía que el hermano pecador debía ser tratado como el si no formara parte de la familia del pacto, como a un externo, alguien aparte de la gracia de Dios. Uno de los mejores ejemplos de esto se encuentra en las cartas a los Corintios, donde Pablo le dice a los Corintios que expulsen al hermano que estaba en pecado sexual con su madrastra, y en la segunda carta él le dice a los Corintios que lo vuelvan a recibir en la comunión de la iglesia. Al igual que con todos los demás pasos, este último paso final debe traer arrepentimiento y restauración.

Resumen

El buen pastor siempre va tras la oveja perdida. La maravilla del evangelio es que se hace provisión para el hermano pecador que no puede encontrar su propio camino hacia el arrepentimiento, y de hecho puede depender de la buena voluntad de una comunidad amorosa que sea usada para ayudarle a ser restaurado a la comunión total. Estas claras instrucciones escriturales son los pasos ‘cómo hacer’ para que la restauración tenga lugar. Considere los siguientes principios:

1. La motivación de toda disciplina es el amor del Padre.

2. La mayoría de la disciplina es privada y personal. 3. La mayoría dela disciplina se logra a través del estudio de la Palabra y la oración, y la obra activa del Espíritu Santo en la vida de un creyente. 4. La práctica del pecado es un asunto familiar, y a veces debe ser tratadocon los otros miembros de la familia de la iglesia por el bien del hermano y la familia. 5. Dios mismo es el que expone y saca todas las cosas a la luz. 6. Todos los miembros del cuerpo madurosespiritualmente son llamados a este ministerio corporal. 7. Antes confrontar, se requiere de oración y el auto-examen. 8. Tenga cuidado de proteger la privacidad del hermano pecador al ir a él en privado.9. Si el hermano rechaza el consejo, ve a él con dos o tres testigos. 10.“Si él se niega a escucharles, dilo a la iglesia.” 11. “Si incluso se niega a escuchar a la iglesia, deja que sea para ti como un gentil y publicano.”

— Mike Indest

Preguntas de Discusión

1. De acuerdo con Hebreos 12:4-11 y Apocalipsis 3:19, ¿qué es una parte integral del amor de Dios por nosotros?

2. De acuerdo con Proverbios 12:1, ¿a qué opción se enfrenta cada creyente?

3. ¿Cómo usa Dios el Padre la Palabra y el Espíritu para disciplinarnos?

4. ¿Qué debe suceder cuando un hermano o una hermana rechaza la convicción del Espíritu y la clara enseñanza de la Palabra (Mat 18, Gál 6)?

5. ¿Cuáles son los pasos del proceso de disciplina de la iglesia (Mat 18:15-17)?

6. ¿Qué preguntas sobre la motivación debe hacerse una persona a sí misma antes de dar el primer paso en el proceso disciplinario?

7. Según Jesús, ¿cuál es el propósito de tomar consigo varios testigos en el segundo paso del proceso disciplinario (Mat 18:16)?

8. ¿Qué tipo de cristianos debería llevar usted consigo en calidad de testigos (Gál 6)?

9. ¿Qué significa tratar a alguien como un gentil o publicano?

10. ¿Cuál es la meta ideal durante cada paso del proceso de disciplina? Véase también Santiago 5:19-20.

11. ¿Qué diferentes ejemplos usó Jesús en Mateo 18:1-9 para mostrar la seriedad de hacer que otra persona peque?

12. ¿Qué aplicación debería tener Mateo 18:10-14 para nosotros?

13. ¿Qué función tiene Mateo 18:18-20 en relación con Mateo 18:15-17?

14. Jesús sintió la necesidad de advertirnos sobre el perdón (Mat 18:21-35). ¿Por qué una iglesia tendría un tiempo difícil para perdonar a un hermano arrepentido? Vea 2 Corintios 2:5-11.

15. ¿Por qué es que la mayoría de las iglesias hoy en día ignoran por completo Mateo 18:15 ss? Vea 1 Corintios 5.

16. ¿Qué debe usted hacer si usted se encuentra en una iglesia que se niega a obedecer Mateo 18:15 ss?

Nota: La NTRF también ofrece recursos para maestros, para ayudar a dirigir una discusión sobre la vida de la iglesia neo-testamentaria. PidaThe Practice of The Early Church: A Theological Workbook (Leader’s Guide) en www.NTRF.org.

[1] Walter Elwell, Evangelical Dictionary of Biblical Theology (Grand Rapids, MI: Baker Publishing Group, 1996).